
La otra salida suele pasar desapercibida.
Está ahí, a la vera de nuestro andar cotidiano, pero solemos ignorarla, para seguir recorriendo nuestro habitual y predecible camino.
La otra salida, es sencilla, mucho más cercana de lo que imaginamos. Sólo requiere que nos detengamos, que la observemos sin prejuicios preestablecidos.
La otra salida no parece conducir a ninguna parte,
así piensan los que se sienten seguros, los que consideran que su existencia está perfectamente prevista y moldeada. Para ellos la "otra salida" no tiene nada para ofrecerles.
La otra salida, la de la puerta estrecha, modesta. Son pocos aquellos que traspasan su umbral. Estos pocos, agraciados, saben que el ámbito hacia donde ella conduce es altamente riesgoso. El riesgo consiste en que sea concedido un deseo. El deseo más querido, el más añorado, el más sufrido...
Casi nadie sabe cuál es el suyo,
por eso es preferible eludirla y seguir con las pautas predeterminadas.