
Quienes gozamos de la lectura de los textos (en mi caso, casi siempre de libros de filosofía) nos damos cuenta de la inmensa cantidad de cosas que hay para leer, de todo lo que nos falta, del tiempo que lleva leer (y comprender!) un buen texto y de que, inexorablemente nuestra existencia es finita y siempre quedarán lecturas pendientes.
De todas maneras ya empiezo a creer que uno no elige tanto los libros sino que son ellos (y sus temas) aquellos que nos convocan. El libro, el texto, el artículo, etc. es el que te llama. De alguna manera posee la capacidad de sincronizar con tu existencia y tu proyecto de vida. Por eso creo que los libros nos eligen. Es lo mismo que decir (y muy hegelianamente): existen pensamientos flotantes, muy volátiles, que buscan ser pensados y re-creados a través de la interpretación del lector. Por ello convocan a algunos espíritus para pensarse a sí mismos a través de ellos.
Un ejemplo; si leo a Sartre es en realidad su pensamiento el que me llama, el quiere plasmarse vitalmente por medio de mis reflexiones, interpretaciones y posibles acciones cotidianas. Digo Sartre, como podría ser cualquier otro autor; sea un filósofo, un poeta, un teólogo, un novelista, etc. Prefiero pensar que los pensamientos "vuelan", que se movilizan en dimensiones que extralimitan nuestro mundo "corpóreo", y que no dudarán en intentar corporizarse ni bien encuentren un "nicho mental" que les sea propicio.