

Hace poco me enteré que una muchacha joven que conozco decidió abandonar (no sé si definitivamente) sus estudios de filosofía. Realmente lamenté un poco este hecho aunque, claro está, respeto las decisiones que toma cada persona en este tipo de cuestiones.
En general, y tradicionalmente, la filosofía fue considerada una "profesión" ejercida por los varones. En las últimas décadas, especialmente desde los principios del siglo XX, algunas osadas mujeres se animaron en incursionar en la enigmática "búsqueda de la sabiduría". Fue entonces que surgieron figuras descollantes de la talla de Edith Stein, Simone Weil, Hanna Arendt, Simone de Beauvoir, María Zambrano, etc. Actualmente, en las Universidades en las que se estudia filosofía se nota una mayor presencia femenina, lo cuál le confiere a dicho ámbito un dinamismo innovador en lo referente al diálogo y el aporte de diversas ideas. Considero que la mujer, cuando responde a su "ser femenino", ofrece una mirada diferente de la realidad que bien puede complementarse con la concepción masculina. Algo también me hace sospechar que después tantos siglos de historia de la filosofía ejercida por la "razón" varonil la presencia de la mujer puede ofrecer nuevas y seductoras perspectivas y conducir nuestra mirada hacia insospechadas dimensiones.