Parto de la siguiente hipótesis: no hay apertura religiosa posible sin una desplegada sensibilidad "ecológica", vale decir; sin estar atentos a los urgentes requerimientos de nuestra tierra y de aquellos seres vivientes (humanos y no humanos) que la habitan. Si tuviera que plasmar hoy en día una "figura" divina diría que Dios es la tierra (lo que no significa que se reduzca a la "materia"). Parafraseando a Sartre que afirmaba que "estamos en un plano donde solamente hay hombres", dando a entender que fuera de ello no había nada más (posición decididamente atea), actualmente tal vez sea menester decir; "la divinidad (más allá de la idea que nos forjemos de ella) se plasma y manifiesta en lo térreo y fuera de ello no hay nada".
Por ende, una genuina sensibilidad religiosa debe estar abierta "al llamado de la tierra y de la vida que ella alberga". Sólo así recuperaremos nuestra dignidad humana con todas sus implicancias éticas, estéticas, sociales y políticas. Sólo así comulgaremos eróticamente con lo térreo interactuando vincularmente con los otros.


